EL CULTIVO DE ARROZ CON PATOS DEMUESTRA LA FACTIBILIDAD DE LA AGROECOLOGÍA

EL CULTIVO DE ARROZ CON PATOS DEMUESTRA LA FACTIBILIDAD DE LA AGROECOLOGÍA
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10 Nov, 2020

CULTIVANDO

Javier Carrera

Red de Guardianes de Semillas

Por miles de años las poblaciones campesinas del este y sudeste asiático han combinado el cultivo del arroz con patos y peces. En el año 2012 el permacultor Servio Pachard implementó por primera vez este sistema en el Ecuador. Queremos compartir con ustedes los asombrosos resultados de esta aventura.

La Asociación San Francisco de Sarampión (ASFS) había recorrido desde el año 2011 un arduo pero emocionante camino hacia el cultivo agroecológico del arroz. Como parte de un proceso de investigación campesina de la Red de Guardianes de Semillas (RGS), liderada en Calceta por Servio Pachard, la asociación instaló su propia piladora de arroz de rodillos regulables para poder vender arroz integral, de semilla criolla. Desde la coordinación de la RGS apoyamos en la comercialización, buscando promover el consumo de arroz criollo. 

Ya en la siembra de 2011 los productores lograron eliminar los pesticidas y herbicidas, pasando al deshierbe manual y al control de plagas con preparados de plantas aromáticas. Pero se mantuvo el uso de fertilizantes químicos, pues todos los intentos de usar abonos orgánicos fracasaron. 

Esto nos entristeció mucho, pero también nos dejó una duda: ¿cómo produjeron arroz los campesinos asiáticos, por miles de años, sin necesidad de fertilizantes sintéticos? La investigación bibliográfica reveló varios métodos, pero el que más nos llamó la atención fue el modelo ancestral que incorporaba al pequeño pato chino y la lamprea, un pez en forma de anguila. Este modelo había sido rescatado y promovido por el permacultor japonés Takao Furuno.

Quedaba la duda de si se podría adaptar esta forma de cultivo a las especies de patos y peces del Ecuador. Furuno señalaba que el “pato moscovita” nativo de los andes (Cairina moschata) no era adecuado para el sistema, debido a que es “débil para el agua”. Tampoco sería posible encontrar lampreas en nuestro entorno. 

 En 2012, Servio se puso al frente de un proyecto experimental, que consistió en la siembra de arroz criollo de variedad Lira en este sistema mixto. Tuvimos que trabajar con patos andinos a pesar de las advertencias, porque no había otra opción disponible. Como pez se eligió el chame (Dormitator latifrons), un pez pulmonado de ecosistemas fangosos muy apreciado en la cocina local. Completando este gremio de cultivo se incluyó a la Azolla, planta flotante que fija nitrógeno en el agua y se reproduce con mucha rapidez. 

Para dar más validez al experimento, se sembró una parcela testigo de arroz híbrido con cultivo convencional químico y se montó un sistema sencillo de monitoreo semanal del desarrollo de ambos cultivos. El proceso fue financiado por el Comité Ecuménico de Proyectos, mediante gestión de la RGS, y la siembra se realizó en un terreno manejado por la Secretaría Nacional del Agua, bajo responsabilidad de la ASFS.

Preparación y siembra

La semilla de arroz Lira se obtuvo de la misma ASFS; se trata de uno de los arroces criollos preferidos en la zona. Los arroces “criollos” surgieron en los últimos 300 o 400 años por selección campesina a partir de variedades traídas de fuera, desde tiempos de la Colonia española. Suelen ser plantas altas, bien adaptadas localmente y con buena resistencia a plagas y enfermedades. Sus nombres parecen contar historias: Piedra, Gallinazo Negro, Tres hombres, Lira, Rucama, Cristal, o el más antiguo de todos, el Puyón blanco. 

En las últimas décadas estas semillas han sido reemplazadas por arroces híbridos de tipo industrial. Estas son variedades de alto rendimiento que requieren el uso de agroquímicos, no se adaptan al territorio y son más débiles. Las exigencias de los intermediarios, el desconocimiento de los consumidores y la promoción por parte del Estado del modelo agroindustrial han favorecido la expansión de estos cultivos. 

En Ecuador, se espera una cosecha de 100 quintales por hectárea de arroz híbrido, aunque según los testimonios campesinos, las condiciones de agotamiento del suelo y otros problemas relacionados al modelo pueden reducirla hasta unos 60 quintales. Al menos un estudio científico corrobora esto (Quijije et. al., 2018). Por otro lado, los testimonios campesinos señalaban que el arroz criollo no produce en ningún caso más de 60 quintales. 

Si la productividad es menor y el acceso al mercado más difícil, ¿por qué insisten las familias campesinas en cultivar pequeñas parcelas de arroz criollo? La razón es contundente: el sabor es mucho mejor. Lo usan para consumo propio y gastronomía local. En 2011 la RGS realizó pruebas con consumidores en la ciudad de Quito, obteniendo los mismos resultados de preferencia por el arroz ancestral, lo que nos indicó que hay un mercado para este producto. 

Encontrar los patitos, que debían tener dos semanas al ingresar al arrozal, fue todo un reto: hubo que ir de casa en casa, comprando unos pocos huevos por aquí, un par de patitos por allá. Servio recordaba que en su niñez había patos por toda la región, y se apenó por esta pérdida. 

Se instaló una incubadora artesanal para ayudar al desarrollo de los huevos. Los alevines de chame se consiguieron en granjas acuícolas locales. La Azolla la tenía Servio en casa, como parte de su sistema de tratamiento de aguas grises.

El arrozal se sembró el 1 de febrero de 2012, y los patitos ingresaron a los pocos días. La distancia de siembra fue de 25 cm entre plantas, y 40 cm entre hileras, para facilitar el acceso a los patos. Ingresaron 75 patos en la parcela de 2450 metros cuadrados (es decir unos 300 por hectárea), con un espacio libre por animal de 33 metros cuadrados. 

Se sembró monocultivo de arroz híbrido INIAP-14 en una parcela testigo de igual tamaño.

Mientras tanto, una plaga de caracol manzana (Pomacea canaliculata) se expandía por el litoral. Acabaría provocando la pérdida de más del 30% de los arrozales del país. El gobierno regalaba plaguicidas sin lograr detener su avance, mientras que los productores desesperados quemaban sus cultivos como última medida. No parecía el mejor auspicio para el inicio de la aventura. 

 

Desarrollo

El ciclo del arroz es de cuatro meses. Durante este tiempo, varios problemas afectaron al desarrollo del cultivo.

El primero fue el ataque de los perros del vecindario. Este es un problema constante para la agroecología en el Ecuador. Los propietarios no se hacen responsables del daño que causan sus mascotas, las dejan libres sin entrenamiento ni control de ninguna clase. La afectación a la vida silvestre es enorme, y suele ocurrir lo mismo con sistemas de producción diversificados. Como prevención se instaló una cerca con malla de alambre galvanizado rodeando toda la parcela, lo que elevó considerablemente los costos iniciales.

Por otro lado, no se diseñaron inicialmente refugios para los alevines de chame, y los patos casi acabaron con ellos. Esto se corrige con facilidad, modificando el perfil en los bordes de la poza, pero la inexperiencia significó una perdida en el proceso.

Se decidió no poner ningún tipo de fertilización en la parcela con patos, para evaluar el verdadero potencial del sistema. Tampoco se realizó ningún tipo de control de plagas. El deshierbe manual se realizó en 8 jornales.

En la parcela testigo se aplicaron 45 kilogramos de urea y kristalon (NPK y micronutrientes) para fertilización. Se realizaron 18 jornales de deshierbe, aplicando glifosato y gramoxone. Para el control de plagas y enfermedades se usó monodrin y cipermetrina. 

Cuando se acercaba el momento de la formación del grano, surgió otra preocupación: según Furuno, los patos debían salir de la poza en esta etapa, porque si bien no consumen la planta mientras se desarrolla, cuando ya hay grano sí que les parece muy interesante. Esto obligaba al permacultor japonés a usar algún tipo de fertilización externa en las etapas cruciales de engrosamiento del grano. Pero Furuno trabajó con pequeños arroces híbridos. ¿Sucedería lo mismo con los altos arroces criollos?

 

FOTO: George Hodan

FOTO: Stickpen

Efectos y funciones de los componentes del sistema

El principal efecto que causan los patos es el de enturbiar el agua. Para ello, el nivel acuífero debe controlarse de manera que los pies de los patos rocen el fondo de la poza, sin llegar a asentarse; es decir, que chapoteen. A medida que los patos crecen, se aumenta la profundidad del agua para mantener este efecto. Esto crea condiciones muy similares a las de los pantanos donde evolucionó el arroz, y al ser el agua muy turbia y oscura, reduce la germinación de malezas, y por tanto la necesidad de deshierbe. El suelo así aflojado entrega al arroz una cantidad mayor de nutrientes. 

Los patos deben ingresar pronto a la poza para que coman a las madres de los insectos herbívoros (las plagas del arroz) cuando éstas tratan de colocar sus huevos. Esto reduce considerablemente la cantidad de insectos, facilitando el control de plagas. 

Patos y peces depositan grandes cantidades de estiércol rico en nitrógeno, fósforo y potasio. El chapoteo de los patos oxigena el agua, al tiempo que disemina el estiércol. La Azolla contribuye a la fertilización, aportando nitrógeno.

Los patitos se alimentan de las malezas que alcanzan a crecer, sin afectar al arroz, y de los insectos que logran nacer, así como de larvas, algas, Azolla y otros seres vivos que se reproducen en gran cantidad en la poza ecológica. Los patos necesitan muy poco alimento adicional: un suplemento alimenticio al 18% durante 30 días y a partir de entonces, un poco de maíz y restos de cocina diariamente. Esta necesidad puede reducirse a futuro cuando se diversifique y mejore la fauna y flora de la poza, y se siembren policultivos en sus bordes.

En resumen, entre las funciones que aportan los distintos elementos del sistema tenemos: enturbiamiento y reducción de malezas, deshierbe, control de plagas, fertilización, mejora en la dieta.

FOTO: Jordan Bergendahl

 

Resultados

Los resultados que Servio nos presentó en la Asamblea anual de la Red de Guardianes de Semillas, reunida en julio de 2012, causaron alegría y asombro.

En primer lugar, se logró una productividad de 20 quintales en la parcela ¡equivalente a 80 quintales por hectárea! Este es un récord para variedades criollas, y se debió probablemente al mayor desarrollo de las raíces en el medio fangoso creado por el trajinar de los patos y peces y a la fertilización constante causada por ellos. En comparación, la parcela convencional produjo solamente 18 quintales, o 72 por hectárea.  

Por primera vez en el país, se comprobó que un cultivo agroecológico de arroz puede superar en productividad a un cultivo de tipo agroindustrial. Y esto tomando en cuenta que era la primera aplicación de este sistema en un suelo agotado por la sobre explotación. ¿Hasta dónde podremos llegar con varios años de regeneración agroecológica?

En segundo lugar, se logró mantener a los patos en el arrozal hasta el momento de la cosecha, aportando con fertilización natural durante etapas cruciales del desarrollo del grano. Nos dijo Servio, “si hubiéramos usado el arroz híbrido, de mata pequeña, creo que los patos se hubieran comido el arroz; pero con las variedades criollas, que son más altas, los patos no lograban llegar a la espiga.” El uso de semilla ancestral nos permitió superar el principal problema en el modelo propuesto por Furuno. 

Y por supuesto, alguien formuló la pregunta más grave del momento: “¿Y los caracoles, compañero?” Servio soltó una carcajada, y nos dijo: “los patos se pelean por los caracoles, los sacuden hasta que asoman la cabecita, y ahí mismo caen otros patos a arrancharse el pobre caracol como que fuera chicle. No quedaron caracoles para afectar al cultivo.”

Finalmente, pasamos al tema económico. El modelo agroecológico tuvo una inversión inicial mayor, debido al establecimiento de la casa de los patos, la incubadora, la malla, y la compra de patitos y alevines. En total, como se ve en la tabla, se invirtieron US$ 1160 en la parcela  ($4640 por hectárea). La malla representa casi el 50% del costo, por lo que si se pudiera eliminar el problema de los perros y predadores, éste se reduciría considerablemente. De todas formas, el costo de producción se reduce a partir de la segunda siembra a solo US$ 1740/ha como gastos recurrentes, pues la infraestructura ya está establecida y se produce la semilla del arroz, los patos y los peces. 

Los costos de producción por hectárea de arroz convencional están alrededor de US$ 1870 por hectárea (Quijije et. al., 2018), y es un gasto recurrente por cada siembra, que incluye semilla e insumos químicos.

Así, en 10 años el modelo ecológico representaría egresos de $17400/ha, mientras que en el convencional representaría $18700/ha, una diferencia de $1300 a favor del modelo agroecológico.

En cuanto a las ganancias, el quintal de arroz se vende en el mercado convencional a $35, aunque los intermediarios a menudo pagan menos al productor. Esto significa idealmente un ingreso de $2520 por hectárea para el modelo convencional, con los 72 quintales de este experimento. Restando los egresos, el modelo convencional arrojaría una ganancia de $650 por hectárea.

El modelo con patos y chames revoluciona completamente el modelo de ganancia. En primer lugar, el arroz agroecológico alcanza un mejor precio, en parte debido a la mayor apreciación que reciben los productos orgánicos en el mercado, pero también porque se comercializa a través de circuitos más cortos, con menos intermediación, dejando un mayor porcentaje de ganancias al productor. En 2012 la ASFS logró colocar a $45 el saco de arroz, lo que arroja un ingreso por venta del grano de $3600/ha. Pero esto no es todo. La venta de 250 patos (considerando una pérdida de 50 patos), a $5 la unidad, aumenta en $1250 los ingresos, mientras que la venta de mil chames (el 50% de los sombrados) añade $800, para un ingreso total de $5650 por hectárea. De esta forma se logra financiar la inversión inicial y generar una ganancia en el primer cultivo de $1010/ha. A partir de la segunda temporada, la ganancia sería de $3910 por hectárea. 

Por supuesto, esto depende de que se logre vender la mayor parte del arroz, patos y peces. Y los cálculos de este tipo nunca son exactos, pues el mercado es un sistema complejo donde intervienen muchos factores. Pero estas cifras nos dan ya un panorama general muy favorable, económicamente hablando.

Pero la economía monetaria tampoco lo es todo. Hay que sumar a las ventajas de este modelo el mejoramiento constante del suelo y del ecosistema en general, así como la mejora en la seguridad alimentaria de la región y la nutrición de la familia campesina.

 En conclusión, nunca habíamos visto con tanta claridad que el modelo agroecológico puede ser no solo favorable a la soberanía alimentaria y a la regeneración ecológica, sino además más productivo y mucho más rentable que el modelo convencional.

 

Corolario

En el año 2013 participamos en una discusión vía Twitter con un asesor del entonces Ministro de Agricultura. Su posición era que en el Ecuador la agroecología no puede ser la base de la alimentación. Le comentamos sobre el modelo del arroz con pato, y él nos dijo que nuestro experimento era bien conocido en el Ministerio, que era hermoso y muy romántico, pero que no era factible realizarlo a mayor escala. Le preguntamos por qué. Se demoró unos segundos en responder, probablemente haciendo cálculos, porque al final nos dijo: “porque si cultiváramos las 315,000 hectáreas de arroz del país con su método, tendríamos más de 94 millones de patos. ¿Qué diablos vamos a hacer con tantos patos?”. 

Nos costó creer que él creyera que esa era la dificultad. ¿Qué podemos hacer con 94 millones de patos? ¿Quizá dejar de comer tantos pollos de galpón, envenenados con sustancias químicas dañinas, alimentados con transgénicos, hormonas y antibióticos? ¿Quizá incluso exportar carne orgánica de alta calidad? 94 millones de patos vendidos a $5 la unidad, significarían 470 millones de dólares en manos de productores campesinos. 

Pero claro, esto no convendría a los intereses de aquellas megaempresas que controlan el mercado alimentario de forma casi monopólica y cuya influencia en el Estado es, por así decirlo, considerable. Perderían mucho dinero. 

Quizá eso quieren decir los defensores del modelo convencional cuando opinan que la agroecología no puede alimentar al mundo. No se trata de que sea técnicamente imposible; como hemos visto en este y en muchos otros ejemplos la agroecología produce más alimento por hectárea mientras regenera el ambiente. Tampoco es un problema de rentabilidad: el apoyo a la inversión inicial para el cambio de modelo se recuperaría rápidamente, siempre y cuando hubiera acceso al mercado. 

El problema es político. Mientras los gobiernos sirvan prioritariamente a los intereses de las grandes corporaciones, no se podrán dar los cambios necesarios para alimentar al mundo, reducir la pobreza y salvar a nuestra Tierra. 

Unos años después volví a Calceta para planificar una nueva edición del experimento del arroz con patos. Nos pusimos con Servio a hacer cálculos y llegados al punto de conseguir los patos, expresé mi preocupación de que nuevamente tendríamos que hacer muchos esfuerzos para alcanzar el número necesario. “Oh no”, me dijo Servio, “ahora hay patos por todo lado, nuevamente. La gente está emocionada criándolos, y poco a poco más familias los manejan en el arrozal. En ese sentido sí logramos impulsar un cambio”. No pude sino emocionarme. ¡Un experimento tan pequeño, de tan corta duración, había tenido un efecto positivo durable! 

Llegará el día en que logremos democratizar el funcionamiento del Estado y orientarnos como sociedad hacia modelos más adecuados de producción, comercialización y consumo. Pero hasta entonces, y para poder llegar a ello, es nuestra responsabilidad avanzar paso a paso, arriesgándonos como productores a probar ideas nuevas, invirtiendo como consumidores en productores y productoras que busquen ese cambio, demostrando juntos la factibilidad de las alternativas. El experimento del arroz marcó un hito para nosotros en este sentido, confirmando nuestra esperanza de que es posible construir un mundo mejor. 

Aunque los patitos ni sospechen de su enorme importancia, mientras chapotean felices en el arrozal.

 

Bibliografía

  • Furuno, T. (2001). The Power of Duck. Tagari Publications.
  • Haz Alvarado, M. (2002). Producción y exportación del Chame, como nueva alternativa comercial para el Ecuador. ESPOL.
  • Quijije, B. A., Carvajal, S. J., García, K. E., & Cedeño, W. B. (2018). Costo, volumen y utilidad del cultivo de arroz, cantón Samborondón (Ecuador). Revista Espacios, 40(7), 16.
Javier Carrera es el fundador de la Red de Guardianes de Semillas (www.redsemillas.org), donde ejerce como Coordinador Social.
Javier Carrera

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Secretos para Guardar Semillas

Secretos para Guardar Semillas
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11 Dec, 2018

CULTIVANDO

Alba Portillo

Colombia

Cada vez hay más personas interesadas en preservar semillas. En este artículo compartimos algunos secretos sencillos para almacenarlas en buen estado.

Uno de los factores más importantes en la preservación de las semillas es la forma en que las almacenamos. De un buen almacenamiento depende su calidad y viabilidad para próximas siembras. Hay varias técnicas que nos pueden ayudar, algunas ancestrales, otras modernas. Están al alcance de cualquier persona, incluso con pocos recursos. Desde la Casa de Semillas El Re Encuentro, que funciona como coordinación de la Red de Guardianes de Semillas de Vida, en Colombia, queremos compartir con ustedes algunos consejitos prácticos para esta fase del manejo.

La Cosecha

Para empezar, es muy importante el momento en que se cosechan las semillas. Hemos comprobado que es preferible hacerlo en clima seco y soleado, durante el día. Si se trata de granos grandes como el frijol y maíz, es mejor cosecharlos cuando la luna está en su cuarto menguante, para evitar el ataque de bichos; además, en ese momento el contenido de líquidos es menor en las semillas y así es más fácil secarlas y almacenarlas. Hay que evitar hacerlo en luna tierna y luna llena.

Para cosechar semillas de algunas hortalizas y granos pequeños como el amaranto y la quinua, es bueno sacar la mata completa y colgarla por unos días boca abajo; de esta manera la savia baja a las semillas, completa su maduración y fortalece el vigor germinativo, que es la fuerza que tiene una semilla para nacer.

El Secado

El éxito de un almacenamiento adecuado depende del secado. Hay que poner las semillas a la sombra en un lugar seco y fresco. Los técnicos nos dicen que al cosechar la semilla tiene un 15% de humedad; hay que bajarla aproximadamente al 5% para que el almacenamiento tenga éxito. En lugares de clima no muy húmedo esto se logra poniendo las semillas en bateas, periódico, costales de fique (fibra vegetal) o mantas. Nunca sobre el cemento y al sol directamente, por que si se calienta la semilla el germen muere. El secado dura en clima templado unas dos o tres semanas, a veces más.

Control de plagas

Otro tema fundamental en el almacenamiento es el control de aquellos insectos que se comen las semillas. Un banco de semillas mal manejado se convierte rápidamente en un criadero de gorgojos. Estos simpáticos escarabajos se reproducen muy rápido y son difíciles de detectar; a menudo la madre a puesto ya sus huevecillos mientras la semilla estaba aún en la planta, a través de agujeros minúsculos. El guardián de semillas se entera cuando los bichitos adultos emergen de la semilla por centenares para poner huevos en otros granos; pronto de la semilla no queda más que polvo.

Es útil conocer más sobre este insecto, con el que todo semillerista compartirá los años por venir. El ciclo de vida del gorgojo es de 4 a 7 semanas. Les gusta el calor, no el frío. Colocan de 300 a 400 huevos por madre. Fingen estar muertos cuando se ven amenazados. Su estado de incubación puede ser de 7 a 15 días y su estado larvario es de 30 días, lo que significa que emergen para reproducirse a los 37 a 45 días. Si cosechamos grano que ha sido infiltrado, no nos enteraremos sino al mes y medio.

Otro insecto que ataca, más específicamente los granos de cereales como el arroz, es la polilla.

En nuestra red estamos experimentando con algunas técnicas para controlar estos insectos:

  • Hemos utilizado las hojas de eucalipto para guardar el maíz, y este ha permanecido sano. Claro está, anteriormente la semilla se limpió, seleccionó, y guardó bien seca y en un recipiente con tapa hermética. Plantas secas de olores fuertes como la altamisa (marco, Ambrosia peruviana), el borrachero (floripondio o huantug, varias especies del género Brugmansia, tribu de las Daturas), la ruda (Ruta graveolens) o el ajenjo (Artemisia spp.) se pueden también guardar con las semillas.
  • Sumergir la semilla en ceniza y hollín en algunos casos ha funcionado bien, al igual que frotar un poco de aceite quemado de cocina; es importante no poner mucho aceite pues la semilla se humedece.
  • El almacenado en frío también es muy efectivo. Se coloca la semilla en el congelador por 3 a 5 días máximo. Este es un mecanismo que funciona solo para pequeñas cantidades de semillas, de otro modo es costoso comprar los equipos necesarios.
  • La más importante técnica ancestral es el ahumado. Antiguamente se colocaban las semillas en un soberado o se colgaban sobre el fogón; de esta manera, cada vez que se cocinaba las semillas quedaban envueltas en humo, lo que las secaba y a la vez evitaba el ataque de plagas y enfermedades. Hoy en día la gente ya no cocina con leña, pero hay quienes construyen ahumadores modernos de distintos tamaños y formas para usar este método sencillo y efectivo.
La casa de semillas Zara Wasi Killa en Queromarca, Perú, construida por Hipólito Espirillo y su familia, ha rescatado la milenaria técnica del ahumado en una forma a la vez bella y funcional. Varios “nichos” de ahumado forman un círculo en una habitación cerrada, sin ventanas, con un altar andino en el medio. Cada nicho esta formado por una malla donde se coloca la semilla, por encima de un espacio hueco de unos ochenta centímetros de altura. A nivel del piso se coloca un brasero con leña menuda, sahumerio o incienso, que produce abundante humo. La ahumada se realiza por lo menos una vez por semana. A la habitación hay que entrar con los pies descalzos, en reverencia a las semillas.

 

Control por asfixia

Otra forma de eliminar el gorgojo es colocar la semilla en un frasco de vidrio que cierre herméticamente, dejando un espacio libre. Se humedece un pedazo de algodón con un poco de alcohol, se enciende y cuidadosamente se coloca dentro del frasco. Se cierra la tapa procurando que no se apague el algodón; el fuego consumirá todo el oxígeno, el frasco quedará cerrado al vacío, y los insectos, tanto adultos como larvas y huevos, morirán por asfixia. Es un sistema útil para cantidades moderadas de semilla.

Una forma más avanzada que sigue la misma lógica es el curado con gas metano (CH4), ideal para cantidades mayores de semillas. El método lo aprendimos de Fabián Pacheco, quien lo ha utilizado en su finca y lo ha difundido desde el Instituto Nacional de Aprendizaje en Costa Rica.

Se utilizan:

  • 2 canecas o bidones de plástico con tapa hermética, de 100 o 200 litros;
  • 2 mangueras de un metro de largo y ¼ de pulgada de diámetro;
  • 1 botellita reciclada de plástico o de vidrio;
  • Implementos para conectar estos elementos masilla para tubos o silicona.

En el primer bidón prepararemos un abono líquido, o biol, usando agua y elementos que fermenten como deshechos de cocina, hojas, estiércol, melaza. Una buena receta para usar luego en la huerta puede ser esta: 5 litros de melaza, 25 kg de boñiga de ganado, fresca y recogida en la mañana, ½ libra de levaduras, 2 litros de suero o leche, o también un fermento como chicha o guarapo 1 litro, y algunos minerales como harina de roca, cal; y 40 a 50 litros de agua. Estas recetas se pueden modificar y pueden ser más simples, incluso se puede hacer solo con estiércol; lo importante es que la base de producción de metano, que es el estiércol, siempre se use.

La descomposición anaeróbica de estos elementos producirá el gas metano, que pasará por la manguera a la segunda caneca, donde colocaremos la semilla ya seca. Los insectos morirán por asfixia, pues el gas metano al ser más pesado desplaza al oxígeno y envenena a los bichos. La segunda manguera evacúa el oxígeno y el exceso de metano hacia la botellita que previamente hemos llenado con agua, para asegurarnos que los gases puedan salir pero el aire no pueda entrar al sistema. A los pocos días de iniciado el proceso veremos como salen burbujas de la manguera colocada dentro de la botella.

Es muy importante que la semilla se encuentre bien seca antes de pasar por este proceso. Y es fundamental que todo el sistema esté herméticamente cerrado. El proceso toma de cinco a diez días.

Una variante consiste en colocar una llave de paso en la primera manguera, de esta manera se puede conectar una tras otra varias canecas de semillas mientras dura la fermentación del biol.

Un beneficio adicional de este sistema es que al almacenar las semillas en canecas se evita la entrada de roedores a los granos y se protegen a estos de factores como la humedad relativa, que pueden afectar a la semilla.

Se verificó que éste proceso no afecta en absoluto el potencial germinativo, al contrario según observaciones realizadas en el Nodo Norte de Nariño de nuestra red, al parecer estimula la germinación. Esto último habrá que investigarlo de forma más seria, pero lo esencial es que ya contamos con un buen sistema para limpiar cantidades mayores de semillas de forma orgánica y produciendo al mismo tiempo fertilizante líquido.

Almacenamiento y conclusiones

Cuando la semilla está ya seca, limpia y libre de parásitos, se puede almacenar con seguridad por largo tiempo. Recomendamos hacerlo en frascos de vidrio, pues tienen la ventaja de que podemos admirar y monitorear la semilla. Fernanda Meneses de la Casa de Coordinación de RGS Ecuador decora con sus voluntarias las etiquetas de los frascos, una labor que muestra el cariño que sentimos las Guardianas por nuestras Semillas, tal como podemos ver en la portada del artículo. Otra opción, ancestral es el almacenamiento en “pondos”, vasijas de barro terminadas en punta que se enterraban parcialmente en el suelo; ignoramos la razón, pero de esta forma la semilla se preserva extraordinariamente bien, según algunos la razón es la forma en que fluye la energía en estos recipientes. En el caso de los bidones, se puede dejar en el mismo bidón herméticamente cerrado.
Como ven, no se necesita contar con recursos extraordinarios para tener un buen manejo de semillas. Con estas sencillas técnicas, las pequeñas reservas familiares de semillas o las Casas de Semillas de nuestras redes pueden almacenar semilla con calidad y ofrecer este recurso invaluable a la sociedad.

Referencias

  • Presentación sobre el método con metano realizada por Fabián Pacheco, del Instituto Nacional de Aprendizaje de Costa Rica.
  • Experimentos realizados por la Red de Guardianes de Semillas de Vida, de Colombia, y la Red de Guardianes de Semillas, de Ecuador.
Alba Portillo es la fundadora y coordinadora de la Red de Guardianes de Semillas de Vida, que une a guardianes y guardianas de semillas del sur de Colombia.
Alba Portillo

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Agricultura ancestral en el Ecuador

Agricultura ancestral en el Ecuador
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11 Dec, 2018

CULTIVANDO

Roberto Gortaire

Ecuador

¿Puede la agricultura patrimonial dar respuestas del pasado para la agricultura del futuro? Un análisis de varios sistemas de honda raíz nos demuestra cuánto tiene que aprender aún la moderna agroecología.

Hace un año fui invitado a participar de una investigación que intentaba descubrir las formas ancestrales de agricultura en el Ecuador que pudieran considerarse patrimoniales. Pude recorrer todo el país y conocer de cerca el talento y el ingenio que han desarrollado nuestros pueblos originarios campesinos e indígenas para alcanzar una agricultura eficiente, inteligente y que resuelva los ingentes y críticos problemas que afronta el sistema agroalimentario.
En cada lugar me preguntaba cómo era posible que hayamos dado la espalda a tantos saberes, tecnologías, agrobiodiversidad tan valiosa, y a toda una cultura que sigue vigente y resistiendo a pesar del impacto que genera la expansión urbana, la agricultura industrial y el extractivismo.
Cómo profesional de la agronomía muchas veces fui sorprendido y superado por la capacidad de estas familias agricultoras para adaptarse a circunstancias extremadamente difíciles y me di cuenta que nuestras modernas ciencias agrarias y el camino de desarrollo que se ha ido imponiendo, tienen muy poco que ofrecer y mucho que aprender de estos pueblos.
Cultivar y cosechar tantas variedades de maíz en medio de las piedras secas en Catacocha, o en las chakras amazónicas del Napo en pleno bosque húmedo, o sobre 3 mil metros de altura en Cañar o Cotacahi es fruto de una tarea milenaria que pocos reconocen, y no trabajo de fitomejoradores o centros de investigación modernos; así mismo, la crianza de 120 diversas especies vegetales y animales imbricadas en un complejo agrario casi mimetizado con la selva solo es posible en el Aja que de hace centurias desarrollan las mujeres del pueblo Shuar. Qué decir de la calidad de productos diversos de la finca tradicional de los montubios, o de las canoeras, colinos y canteros de los hermanos Chachis y afroecuatorianos, o de la fuerza productiva de los pueblos del manglar. Diversidad, ingenio por todos lados
Algunos dirán que estas letras van cargadas de romanticismo y folclor, que la pobreza agobiante en estos mismos pueblos es fruto de su “retraso”, y que la respuesta verdadera está en la tecnología de punta, semillas de alto rendimiento con químicos, más químicos, más modernización… a mi juicio son más bien esas las propuestas obsoletas y fracasadas, desde hace décadas. En contraste estos pueblos, comunidades y familias tienen su propia voz, y a pesar de tanto desprecio histórico, ellos no nos reclaman sino que nos ofrecen el mejor fruto de su trabajo laborioso y su patrimonio, que está en nuestra mesa todos los días de la vida. Creo firmemente que si tan solo fuéramos recíprocos y les diéramos el valor que corresponde a su esfuerzo sería más que suficiente para superar las pobrezas; y más aún, si reconocemos su talento y valoramos tanto conocimiento que en el pasado hemos despreciado, seguramente encontraremos las respuestas para la agricultura del futuro.

La chakra Andina

La Chakra Andina o chagra, es la forma de agricultura propia de los pueblos indígenas quichuas de la sierra y podemos encontrarla en todo el callejón interandino, propiamente desde el sur de la provincia de Carchi (fronteriza con Colombia) hasta el norte de Loja (fronteriza con Perú). Se caracteriza por una alta agrobiodiversidad y un complejo sistema de semillas y adaptaciones varietales que se desarrollan en los diversos pisos agro-climáticos de la serranía, aproximadamente entre los 2400 y 3500 metros sobre el nivel del mar, donde se reconocen generalmente tres zonas: alta, media y baja (y zonas de transición). Desde su origen prehispánico, la chakra se orienta a la satisfacción de la alimentación familiar y comunitaria, este criterio es el que determina qué y cuánto debe sembrarse. La influencia del ciclo lunar y varias señas agroclimáticas, definen cuándo sembrar; los solsticios y equinoccios marcan los hitos del calendario agrofestivo andino. Una serie de prácticas ingeniosas y tecnologías muy funcionales para el manejo ecológico del suelo, agua, cultivos y crianzas, son las claves para la sostenibilidad del agroecosistema y explican cómo producir.
Otra característica clave es el complejo cultural, los ritos y tradiciones ancestrales que acompañan el desarrollo de cultivos, crianzas y alimentación; éstos le dan sentido espiritual y de profunda conexión con la realidad, Allpa Mama (madre tierra –suelo vivo), Yaku Mama (agua viva) y la Pacha Mama (el contexto natural y energía vital universal), y han sido claves en el mantenimiento de la cohesión y ampliación del tejido social, que se expresa en la familia, la comunidad indígena y sus formas organizativas.

El Wachu rozado y la finca de los pastos

El Wachu Rozado es una tecnología de labranza mínima de origen milenario, base de un complejo agrosilvo pastoril que denominaremos “Finca de los Pastos”, haciendo referencia a los pueblos ancestrales que habitaron los territorios norandinos del Ecuador y sur de Colombia, particularmente la provincia del Carchi, y que hoy se reconocen en proceso de revitalización cultural. El sistema integra una mezcla de pastizales (que incluye variedades silvestres y modernas) para la crianza de ganado vacuno en rotación con variedades de papas, y algunas veces otros tubérculos y cultivos andinos; además plantas forestales y arbustivas con funciones ecológicas, mecánicas o medicinales. La práctica del wachu rozado se aplica de forma manual con un apero específico (palón con cute). La finca de los pastos se desarrolla en el contexto del Páramo Norte Andino donde el conocimiento profundo y la relación viva y cercana con este ecosistema frío y húmedo, es otra característica importante de la cultura agrícola que aquí se construye.

Siembra de agua y huertas paltas

Hablamos primero del sistema de siembra de agua o Catacocha, que es un humedal léntico artificial de gran complejidad tecnológica de origen ancestral propio de la región de los Andes Bajos Ecuatoriales, territorio que en el período de integración (900 a 1470 DC) fue ocupado por los denominados Paltas y otras importantes culturas, previo la incursión del incario. Los Paltas fueron capaces de adaptar su modelo agrario al ecosistema de bosque seco y la heterogeneidad edafo-climática de la zona. La Catacocha implica la creación de grandes lagunas de infiltración en zonas altas estratégicamente dispuestas, que captan la escorrentía de aguas lluvias a través de brazos o canales y la percolan a la profundidad del suelo. Esta agua infiltrada aparece en vertientes en zonas más bajas y se moviliza por quebradas; allí se instalan los denominados “tajamares”, que son barreras o muros de piedra interpuestos en el curso de la quebrada que reducen la velocidad del agua y la represan evitando su pérdida, mientras que en sus riberas permiten la generación de biomas con alta diversidad. Ya en el ingreso a los predios se disponen los “pilancones” que son reservorios o estanques que permiten la captación del agua para el uso agrícola y consumo humano. Se ha observado que durante los inviernos el sistema se llena (saturación del subsuelo por la infiltración), para luego ser aprovechado en los meses muy secos (aumenta el volumen en las vertientes). Los sistemas agrícolas que se sirven de las catacochas tienen gran notoriedad paisajística, agrobiodiversidad y un complejo tecnológico basado en sistemas agroforestales que denominaremos “Huertas de los Paltas” por su autenticidad y particularidad. La crianza de animales no deja de ser importante y es sorprendente también el sistema tradicional de maíz de una variedad criolla adaptada a las condiciones de sequedad y terrenos pedregosos (maíz de piedra); el sistema tradicional de maíz incluye al ataco y al sangorache (Amaranthus quitensis y A. Spp-), otras especies igualmente resistentes a la sequía. En las zonas más bajas, donde no operaba el sistema de lagunas de infiltración, se idearon las “terrazas hundidas” que permiten la saturación de humedad durante el invierno para sobre ellas cultivar en verano; también se practica la agricultura de “lecho de río” que dispone del propio canal del río en el verano cuando baja o cesa el caudal, y así se habilitan huertas que garantizan la producción alimentaria.

La Finca Montubia

Denominaremos Finca Montubia al sistema agrícola diversificado que tiene lugar en las provincias costeras ecuatorianas y es practicado por familias campesinas de tradición montubia: pueblo mestizo con fuerte identidad, heredero de nativos, afros, españoles y en menor medida, libaneses. El sistema puede centrarse en el desarrollo de cultivos como cacao, café o banano, sin embargo integra cultivos frutales, forestales, hortalizas y crianzas animales, y muchas veces se asimila con el bosque tropical. En la finca suelen coexistir tres subsistemas: las albarradas; la finca propiamente dicha; y las eras o huertas. Las albarradas consisten en un humedal artificial, tecnología de origen ancestral que es el centro de un sistema complejo de manejo de recursos hídricos: se capta agua por métodos de infiltración en épocas de invierno, se destina para riego, la crianza de peces, patos y se convierte en sitio de refresco y recreación. Es común en zonas secas y hace posible el regadío de la finca donde la diversificación, cobertura y manejo orgánico del suelo, reducen la demanda hídrica y así se integra un círculo virtuoso en el aprovechamiento del agua. En la finca propiamente dicha se desarrollan principalmente frutales y cultivos muy diversos y propios del trópico tales como banano, cacao, yuca, variedades de arroz y muchos más. En un área menor se disponen las denominadas Eras o huertas: se trata de la despensa familiar de hortalizas, legumbres, condimento, frutales y otros cultivos propios de la alimentación básica familiar.

Canoeros, Colinos y Canteros

En el norte de la provincia de Esmeraldas se encuentran ríos como el Cayapas y el Santiago, parte de la bioregión del Chocó, en cuyas riberas conviven, desde tiempos ancestrales, comunidades de diverso origen cultural mayoritariamente de nacionalidad nativa Chachi y Afrodescendientes que no fueron esclavizados, incorporando sus tradiciones originarias al sistema americano. Coexisten en un ecosistema de singular belleza paisajística donde se combina el río con el bosque húmedo tropical. Han desarrollado relaciones interculturales estables, y diversas adaptaciones y sinergias con su entorno. Incluyen básicamente 3 subsistemas agrícolas: canoeras, colinos y canteros. Las Canoeras son pequeños huertos hortícolas y medicinales que se cultivan en camas elevadas construidas generalmente con madera y caña guadua, pero también es común el uso de viejas canoas de río que de este modo se reciclan para disponer el huerto, de ahí su denominación. Los Colinos o P’atavitia en el idioma de los Chachis (cha’apalachi), son modelos de agricultura ancestral de roza y tumba que pueden explicarse como fincas familiares diversificadas que se desarrollan en armonía con el bosque húmedo tropical en extensiones que generalmente van de media a una hectárea. Sus cultivos principales son banano, yuca, coco, cacao, chonta y diversos frutales. En la primera fase de siembras se incluyen asocios de maíz (variedades llamadas canguil y criollo), con fréjol, haba, cucurbitáceas y otras plantas. La denominación “colino” tiene otro uso común y se refiere a la forma botánica de reproducción de plantas como el plátano. El término se usa indistintamente para referirse a la finca propiamente dicha y a cualquier ramilla o brote apropiado para siembra. Cantero o E’vitia para los Chachis, es el nombre que se da a un cultivo de caña de azúcar, producto que ganó importancia en la región por diversos usos y procesos que se le generan (miel de caña, panela, guarapo, aguardiente, bagazo, etc.). Se observa generalmente en parcelas de entre 500 o 1000 metros cuadrados encerradas entre árboles y arbustos propios de la diversidad del bosque tropical. La dinámica fluvial determina los procesos de fertilidad natural de los suelos de las riberas, que es donde se cultivan los Colinos y Canteros; y el arrastre del río que trae suelo y hojarasca desde tierras altas forma un compuesto orgánico denominado marmaja, que es el sustrato más apropiado para el cultivo de las Canoeras.

Los Pueblos del manglar

Los pueblos ancestrales del ecosistema manglar en Ecuador se denominan así puesto que consideran que la base de su identidad cultural, de su racionalidad social y económica está vinculada trascendentalmente con él. Ocupan las zonas costaneras de franja marina y estuarios de ríos. Principalmente lo componen afroecuatorianos, mulatos y campesinos de identidad montubia. En el manglar coexisten al menos dos actividades fundamentales: la recolección de concha y la pesca artesanal de especies del estuario del río; sin embargo estos pueblos no conviven únicamente en la franja de manglar, sino con otros subsistemas: la zona de transición o raconchal, vegetación donde se desarrolla y captura el cangrejo; la finca diversificada (similar a la descrita para los pueblos montubios) y el bosque húmedo tropical. Es decir que los pueblos del manglar se construyen en una “sociedad” entre estos 5 subsistemas, constituyendo un complejo agroalimentario y recolector en armonía con ecosistemas naturales.

El Aja Shuar

La Amazonía ecuatoriana, uno de los centros de biodiversidad más notables del mundo, también alberga a los que podrían considerarse los sistemas agrícolas más complejos, auténticos y diversificados que existen en el país. El Aja, practicado por la nacionalidad Shuar, está prácticamente “mimetizado” con el ecosistema natural. En él es determinante el rol de la mujer shuar ya que es casi exclusiva su responsabilidad en el manejo del sistema. Es de importancia crucial la práctica de diversos ritos como los Anent: plegarias o cantos de singular belleza que se realizan en diversos momentos y que son una muestra del respeto y profundo afecto que el pueblo Shuar dispensa a la naturaleza. Los Nantar o talismanes son piedras especiales sigilosamente ocultas por la mujer en algún punto dentro del Aja y que acogen a Nunkui, la Reina del Aja, quien emite la energía y vitalidad necesaria para el desarrollo de los cultivos. Los diversos arreglos y asocios entre cultivos son muy funcionales y complejos; existe un notable conocimiento sobre las razones y períodos de fuerza y fragilidad del suelo, característica dual muy propia de la Amazonía, y se han creado tecnologías agrícolas adaptadas a esta condición. Por ejemplo, la movilidad del Aja: hablamos de un área de 1 hectárea aproximadamente que se instala en un bosque socolado (roza, tumba y quema), en un período de cultivo que no va más allá de 3 o 4 años (aja vieja); luego viene un período de descanso funcional o regeneración de ecosistema natural que dura entre 5 y 15 años. El Aja se mueve a otro sitio iniciando el ciclo con el corte por roza de hierbas y arbustos, luego se tumban los arboles más grandes. El proceso de descomposición y formación de suelos es dinámico y acelerado y a menudo se agregan las cenizas que se obtienen de las quemas de hierbas secas y árboles, lo cual mineraliza estos suelos orgánicos. La agrobiodiversidad manejada en un Aja incluye más de 100 diversos cultivos, donde generalmente la yuca hace de guía o centro de proceso agroalimentario (mas de 30 variedades reconocidas); papa china, pelmas, kenkes (tubérculos), piña, camote, porotos, plátanos, maní, maíz, frutales diversos, todos ellos cultivos imbricados en un conjunto multifuncional de especies. Para un observador ligero parecería una mezcla sin orden, sin embargo pueden reconocerse ciertos “secretos”: hay especies que deben sembrarse junto a la yuca y otras que no deben estar en el Aja pues perjudican el engrose; unas prefieren la sombra y algunas la evitan, y así un sinnúmero de criterios agronómicos. Además se reconocen y cultivan decenas de plantas medicinales y es nada despreciable la diversidad de crianzas animales que incluyen sahino, pavos, guatusa, guanta. La conexión del Aja con la diversidad del bosque húmedo amazónico integra otra serie de frutos silvestres, animales, insectos, aves, y peces del río que enriquecen la dieta increíblemente diversa y saludable del pueblo Shuar.

La Chakra amazónica

Expresión que usan los pueblos ancestrales quichuas del oriente ecuatoriano para denominar a su sistema agrícola, el mismo que guarda similitudes con otras modalidades tradicionales en el territorio en términos de agrobiodiversidad y sistema de manejo, sin embargo hay matices y particularidades que le otorgan autenticidad y originalidad. El primer elemento determinante es la relación con el río, en este caso nos referiremos a una agricultura itinerante de lecho o vega de río. Ocurre que en las crecientes y bajantes del río en el transcurso del tiempo, se van formando pequeños islotes que son áreas fertilizadas por el río, y por el contrario otras zonas son arrasadas por él. Un enfoque central es el manejo del suelo, hay mayor atención a los ciclos de fertilidad en relación con el río en la “formación de suelo” a partir de la biomasa vegetal que por ciclos y aceleradamente se incorpora. Importante es el sistema tradicional del maíz variedad criolla, adaptado ancestralmente a las condiciones de extrema humedad y alta biodinámica, pero sin duda es la yuca nuevamente la planta madre que genera los ritmos en el sistema, se reconocen algunas variedades y como cosa particular en los períodos de cosecha se mantienen los sembríos de yuca totalmente “enmalezados”, es decir se permite el desarrollo de vegetación adventicia en la base del cultivo, pues con esta técnica se garantiza la frescura del producto.

Referencias

  • Texto adaptado de SIPAN – Sistemas Ingeniosos de Patrimonio Agrícola, publicación en revisión – FAO y Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador – autor: Roberto Gortaire A. 2014 – 2015.
Roberto Gortaire es co fundador del Colectivo Agroecológico del Ecuador. Agrónomo agroecologista, cultiva una finca en Penipe y realiza labores a favor de la agroecología en su natal provincia de Chimorazo y a nivel nacional.
Roberto Gortaire

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Diseño Hidrológico con Vetiver

Diseño Hidrológico con Vetiver
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6 Dec, 2018

CULTIVANDO

Piet Sabbe

Ecuador

En base a su experiencia en la finca Parque Bambú, Piet nos describe el uso del vetiver para controlar la erosión y el diseño hidrológico para regenerar laderas.

1. Diseño Hidrológico

En un paisaje muy accidentado como el de los Andes, es fundamental poder aprovechar al máximo el agua proveniente de la lluvia. Con cada precipitación, miles de litros de agua corren por laderas y quebradas loma abajo, convergiendo en los ríos y finalmente desembocando en el mar. Si la lluvia cae en terrenos sin cobertura vegetal, arrastra una finísima capa de tierra cada vez, provocando la pérdida del suelo fértil y afectando la productividad. Esto causa una erosión mucho más grande de lo que imaginamos, millones de toneladas de suelo fértil se pierden así cada año.
El diseño hidrológico pretende captar el agua de lluvia en un punto – llamado punto clave – y dirigirla mediante un canal o zanja hacia las partes de la ladera que carecen de humedad. Así logra mantener más tierra húmeda, favoreciendo la proliferación de  microorganismos y la creación de humus. Debemos este concepto  a P.A. Yeomans, quien lo desarrolló en Australia, desde donde fue popularizado por la Permacultura. En América Latina, ha sido llamado “Crianza de Agua” o “Cosecha de Agua y Tierra¨, uno de sus mayores difusores es Eugenio Gras, de México.

Este técnica requiere de un análisis a fondo de la topografía y el trazado de las curvas de nivel en el terreno. Una curva de nivel es aquella que sigue el contorno de la ladera exactamente a la misma altura; son las líneas que podemos ver en los mapas topográficos.
Con base a este estudio, se define el punto clave: aquel donde el perfil de una loma pasa de ser convexo a cóncavo. La curva de nivel situada en este punto exacto se denomina línea clave. En un lugar adecuado a lo largo de esta línea se construirá un reservorio para colectar el agua de lluvia que baja de las lomas, y un canal que siga la línea clave por donde correrá el agua del reservorio hacia  las partes secas de la ladera.

2. El Vetiver (Chrysopogon zizanioides)

El vetiver es una planta herbácea de la familia de las Poaceas, nativa del Sudeste Asiático y de la India. Crece hasta 1.5 metros de altura pero envía su raíz hasta 4 metros de profundidad, sujetando el suelo. Prefiere climas tropicales, calientes.
Entre los usos tradicionales del vetiver están los medicinales: la medicina ayurvédica lo considera una planta amarga y astringente, útil para tratamientos digestivos y de la sangre. Su aceite esencial se usa en perfumería y cosmética, además de poseer propiedades medicinales propias, como alivio al reumatismo. La parte utilizada para todos estos menesteres es la raíz.
Sus hojas se usan en cestería, para fabricar cuerdas y en manualidades.

El vetiver en la agricultura

El sentido común nos indica que no es conveniente labrar la tierra cuando las pendientes son muy inclinadas, ya que con cada lluvia torrencial perderemos suelo hasta que éste se torne estéril, árido y sin vida. Sin embargo, la mayoría de los agricultores que cultivan en pendientes, lo hacen sin precaución alguna.

En tiempos precolombinos, los pueblos originarios construyeron terrazas y terraplenes en zonas con pendientes inclinadas de manera tan exitosa, que incluso hoy en día es posible observar los remanentes de tan sorprendentes obras en el paisaje. Reanudar esta práctica, construyendo muros de contención con rocas tal y como lo hicieron los antepasados, resultaría muy costoso, sumado a que la disponibilidad de los materiales en muchos lugares es limitada.

Una solución más sencilla para la labranza en pendientes, es la instalación de barreras vivas; estas son hileras de especies vegetales preferiblemente perennes y de crecimiento denso, establecidas en curvas de nivel, que reducen la velocidad de escorrentía superficial y que con en el paso de algunos años, se pueden transformar en terrazas ¨inducidas¨. Se las denomina Terrazas de Formación Lenta.

En los valles interandinos, estas barreras vivas se pueden formar usando Pasto Milín (Phalaris tuberosa), Retamo (Retama sphaerocarpa), Aliso (Alnus acuminata) y otras especies vegetales. En las partes bajas, hasta los 1500 metros sobre el nivel del mar, la gramínea Vetiver ofrece el método vegetal de conservación de suelo más eficiente.

 

Una técnica muy antigua

Al inicio de los sesentas, los analistas financieros del Banco Mundial John Greenfield  y Dick Grimshaw, recibieron una consigna muy peculiar: durante sus misiones de análisis económico en los países del Sur, debían buscar inventariar y documentar un método sencillo, eficaz y de bajo costo para el control de la erosión. En las islas Fiji, Greenfield observó que los cañaverales estaban bordeados de un pasto rígido y alto, capaz de frenar la erosión del suelo. Rastreando la procedencia  de esta gramínea, que los nativos denominaban Khus, descubrió que provenía del oeste de la India, en los pantanos de Bombay, en un clima muy húmedo y caluroso.

Grande fue la sorpresa de Greenfield y Grimshaw al descubrir durante sus misiones que en varios países asiáticos, los campesinos implementaban desde hace mucho tiempo atrás, la técnica de control de la erosión con la misma gramínea que encontraron en Fiji y Bombay. En India los agricultores lo llaman ¨Ramaccham¨ o ¨Vettiveeru¨ y lo utilizan para mantener cercos vivos alrededor de sus explotaciones agrícolas y reforzar las riberas de los ríos. En Indonesia lo denominan ¨Aga wangi¨ y se usa para delimitar los arrozales. En Sri Lanka se llama ¨Vilhalver¨ y se utiliza para establecer las terrazas en las plantaciones de té. Así mismo, el análisis genético del Vetiver, demostró que en todo Asia se utiliza la misma especie, cuyo nombre científico es Chrysopogon zizanioides (syn. Vetiveria zizanioides).
En el norte y en el sur de la India se encuentran dos poblaciones diferentes; la población del norte florece y produce semilla fértil, mientras que la población del sur algunas veces florece, pero nunca produce semilla viable, por lo que no se expande ni invade el terreno. Como consecuncia, la población del sur resultó ser la fuente del material que fue distribuido por todo el mundo tropical y sub-tropical en la década de los noventas cuando se introduce a través de centros de investigación agrícola, tales como el CIAT (Centro  Internacional de Agricultura Tropical), ubicado en Palmira- Valle, Colombia, desde donde se distribuyó a los países vecinos. En 1996 se estableció una plantación de Vetiver en el norte del Ecuador (en el Parque Bambú) y desde entonces se ha distribuido a todos los rincones del Ecuador.

 

Las características de Vetiver

Es bien sabido que la introducción de especies vegetales foráneas en un ecosistema puede afectar a las especies nativas y convertirse en plantas invasoras o constituirse como una plaga que amenace a la flora endémica. Este no es el caso del Vetiver, ya que al ser una gramínea perenne con poca inflorescencia y semillas estériles, únicamente se reproduce asexualmente por división de raíces, de la misma manera en que lo hace la planta “Hierba Luisa” (Cymbopogon citratus), comúnmente reconocida en nuestro país.

Aunque a través de los años se ha ensayado la utilización de diversas especies vegetales, tanto herbáceas como arbustivas para prevenir la erosión del suelo en los trópicos y sub-trópicos, hasta ahora sólo el Vetiver ha pasado la prueba del tiempo. Como queda de manifiesto en la enumeración de sus características, que se presentan  a continuación, y que se deriva de observaciones tomadas en todo el mundo sobre ella, esta planta resulta ideal  para la conservación del suelo y la humedad. No se conoce ninguna otra especie que la iguale en resistencia y utilidad.

  • Cuando se planta correctamente (en forma de barreras en curvas a nivel), el Vetiver forma rápidamente un cerco espeso y permanente.
  • Tiene un sistema radicular fuerte y fibroso que penetra y fija el suelo hasta una profundidad de 2,5 a 4 metros y puede resistir los efectos de la tunelización y el agrietamiento.
  • Es perenne y requiere solo de un mínimo mantenimiento
  • Su corona se halla bajo la superficie, lo que la protege contra  el fuego y el exceso de pastoreo.
  • Es una especie tanto xerófita como hidrófita, lo que significa que una vez establecida puede resistir por igual sequías e inundaciones, prolongados períodos de sin agua o de anegamiento.
  • No compite con otras plantas, por lo que se la puede usar en medio de cultivos.
  • Crece desde el nivel del mar hasta los 1300 metros. En algunos microclimas favorables puede llegar a los 1500 metros. No prospera en climas donde la temperatura baja de los 18º centígrados, por lo que no es apto para las zonas de montaña.
  • Es una planta que se adapta rápidamente; aun cuando todas las demás plantas de los alrededores han sido destruidas por la sequía, inundaciones, plagas, enfermedades u otras circunstancias adversas, el Vetiver permanece en su lugar para proteger al suelo de las próximas lluvias.

3. El Vetiver en el Diseño Hidrológico

Una excelente opción para reforzar la pared inferior de los canales de escorrentía y zanjas de infiltración es la plantación de Vetiver en hilera a lo largo del canal. De esta forma crea bajo el suelo una cortina o red de raíces que agarra el suelo, evitando así el derrumbe del borde. Plantando otra línea de Vetiver en la parte alta, se desarrollará una cobertura completa sobre el canal. Este ´túnel vegetativo´, impide que se acumule la hojarasca en el canal y lo mantiene limpio para que el agua corra sin obstáculos hasta su destino final.

Al acumularse el suelo arrastrado por la escorrentía contra la barrera superior de vetiver, se va formando lentamente una terraza. El vetiver no queda sepultado bajo este material, al contrario: crece con él para sujetar la terraza en formación. De esta manera el terreno queda más estable y menos frágil frente a la erosión.

4. Otras aplicaciones de Vetiver

Plantado en balsas flotantes en una piscina de tratamiento de aguas residuales o contaminadas, desarrolla raíces que purifican el agua, por lo que puede ser usado en sistemas de tratamiento de aguas servidas. De forma similar, se puede mandar las aguas contaminadas por un pantano artificial con hileras de Vetiver. Ciertas plantas pueden tolerar con mayor facilidad un medio saturado, es decir, un medio que tiene presencia de agua permanente. Estas plantas se denominan plantas de pantano y también juegan un papel muy importante en el proceso de tratamiento. El biofiltro es un estanque o cocha con plantas de pantano (una de ellas siendo Vetiver) que recibe y purifica las aguas grises.

Referencias

  • Piet Sabbe. http://parquebambuecuador.blogspot.com/  ; info@bospas.org
  • Noel  D. Vietmeyer, Mark R. Dafforn.  1993. Vetiver Grass: A thin green line against erosion. Board on Science and Technology for International Development. Washington D.C.
  • Technical Department, Agriculture Division, The World Bank. 1990. Vetiver: La barrera contra la erosión. Washington D.C.
  • Eugenio Gras, 2012, Cosecha de Agua y Tierra, Diseño con Permacultura y Línea Clave, Ediciones EcoHabitar
  • Pagina web de la Red Internacional de Vetiver, www.vetiver.org
  • http://www.vetivercolsas.com/pasto-vetiver
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Piet Sabbe se dedica a la Restauración Ecológica en el norte de Ecuador. Maneja el Parque Bambú, un espacio de educación y prácticas permaculturales, abierto para visitantes. Es productor / distribuidor del pasto Vetiver, para control de la erosión, restauración de suelos y purificación de aguas contaminadas. Organiza cursos de Permacultura en su finca. www.bospas.org
Piet Sabbe

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